Venus podría haber sido habitable hoy, de no ser por Júpiter

Un nuevo estudio publicado habla de como Júpiter, el gigante gaseoso, alteró la orbita de Venus, que es la más circular del sistema solar, haciéndole perder la capacidad para albergar vida. Hoy Venus es un planeta infernal, poco amigable para los seres vivientes, pero en el pasado podría haber sido un territorio amable para la vida en el pasado. 

Hace algunas semanas, nos sorprendíamos con la noticia del descubrimiento de fosfano (o fosfina) en Venus, una molécula que, en la Tierra, es excretada por microorganismos en ambientes libres de oxígeno, lo que podría ser un indicador de vida microbiana en las nubes altas de la atmósfera de Venus.

Pero, más allá de las implicaciones de este descubrimiento –deberán realizarse nuevas comprobaciones a través del telescopio ALMA para determinar si efectivamente la detección era de fosfano y cuál es su origen– Venus no es un planeta en absoluto amigable para la vida.

Nuestro vecino lleva el nombre de la diosa del amor y la belleza; y de hecho, posee unos colores muy bellos, que lo hacen el planeta más brillante de todo el sistema solar. Sin embargo, de cerca, Venus se parece más a un ‘monstruo’. La temperatura de su superficie ronda los 500 ºC, algo asfixiante; la presión es insoportable y ríos de lava y roca fundida moldean su paisaje.

Pero Venus podría no haber acabado siendo un infierno sofocante y sin rastro de agua, como es hoy, de no ser por Júpiter, según una nueva investigación publicada en la revista Planetary Science Journal, que señala que el gigante gaseoso alteró la órbita de Venus.

Júpiter es muy masivo. Tanto que su masa total es dos veces y media la de todos los demás planetas de nuestro sistema solar juntos. Debido a que es (comparativamente) gigantesco, tiene la capacidad de perturbar las órbitas de otros planetas.

Al principio de la formación de nuestro sistema solar, Júpiter se acercó al Sol, y después se alejó, debido a las interacciones con el disco de gases del que se forman los planetas gaseosos. Mientras se alejaba y se acercaba, modificó a Venus de forma definitiva. 

Y, ¿por qué dicen los científicos que alteró su habitabilidad? Actualmente, la órbita de Venus es la más circular de cualquier planeta de nuestro sistema solar. Sin embargo, el modelo científico muestra que cuando Júpiter estuvo más cerca del Sol hace unos mil millones de años, Venus probablemente tenía una órbita mucho más elíptica, lo que le habría dotado, con una probabilidad mucho mayor, de la capacidad de albergar vida.

Es decir, la nueva órbita de Venus –provocada, según este estudio, por la influencia de Jupiter– colocó al planeta más cerca y durante más tiempo del Sol, que lo calentó hasta volverlo el infierno asfixiante que es hoy, e incompatible para la vida. Y, posiblemente, perdiendo el agua que supuestamente habría poseído.

Según el astrobiólogo Stephen Kane, coautor del estudio: “A medida que Júpiter emigraba, Venus habría experimentado cambios dramáticos en el clima, calentándose, enfriándose y perdiendo cada vez más su agua en la atmósfera”.

En cuanto al reciente descubrimiento de fosfina en Venus, Kane cree que es posible que el gas sea un resto de “la última especie superviviente en un planeta que pasó por un cambio dramático en su entorno”.

Sin embargo, para que ese sea el caso, Kane señala que los microbios habrían tenido que mantener su presencia en las nubes de ácido sulfúrico sobre Venus durante aproximadamente mil millones de años desde la última vez que Venus tuvo agua líquida en la superficie, un escenario difícil de imaginar; aunque no imposible.

 Fuente: Muy Interesante

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